ISBN: 978-84-937602–2–9
Páginas: 199
Formato: 1.5 x 15.5 x 21.5 cm
Titilan las Estrellas

“Este manojo de versos quiere ser una gran oda dedicada a Los Oficios, a esas profesiones humildes y sencillas, tan cotidianas e imprescindibles en la actividad diaria, en el quehacer del ser humano; pretende embellecer el trabajo de tantos hombres y mujeres entregados a cuidar y mejorar la vida de los demás.

… El poderoso motor que me impulsó a escribir este libro no ha sido otro que el hecho ideológico, fácilmente contrastable, que mantiene en nuestra sociedad una valoración inferior hacia las personas que utilizan las manos para ganarse el pan nuestro de cada día; este pensamiento es contrario a una verdadera conciencia social, a una visión del mundo y la sociedad que ponga por encima de todo, como valor principal, el amor y el respeto a la vida. Sin estas profesiones, tan valoradas y queridas por mí, no sería posible la vida que conocemos en esta parte del planeta …”

Características de la impresión y encuadernación:

  • La dimensión del libro es 14,5/21 cm. (A-5)
  • Páginas en papel estucado arte, mate, blanco de 150 gramos.
  • Fotografías de 145/210 Mm. 300 ppp encabezando los poemas.
  • Cubierta en cartoné de 2 Mm. Plastificada mate a 2/0 colores.Sobrecubierta a 6/0 colores plastificada brillo, papel estucado mate de 170 grs.
  • Guardas a 1/1 colores.
  • Encuadernación: tapa dura, lomo redondo, forrada plastificada brillo, cosida con hilo y cabezadas y pegada.
  • Justificación de tirada.

 

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EL PESCADOR

Libre va su corazón, repleto de inmensidad, por el vaivén sostenido de

           las estrellas,   

un faro busca en la noche su exquisita soledad, distraída en el afán de

           las mareas.   

Con la luz en la mirada, el sol cierra el horizonte por el cielo azul y

           verde de su barca,          

sin límites que interrumpan un instante para amar, la luna bajo sus

           pies dulce y esclava.         

¡Quién sabe si volverá, erigido en triunfador, enarbolando las velas de

           su alma!,   

al puerto donde le esperan los recuerdos que dejó, en un rincón de la

           tierra enamorada.   

¡Cantan los coros del agua! En un púlpito de espuma pronuncia el

           viento la última palabra.         

¡Fuerza uno! ¡Calma chicha! Se quedó la mar pensando: ¡Quién

           conoce los secretos de la vida!;            

la tregua de los instintos que no paran de luchar, empeñados en saciar

           el ansia misma.  

Flojo el viento a quince nudos, mientras sueña por babor, despierta

           por estribor un nuevo día.       

¡Qué tendrán los aparejos que contar a las arenas! Murmuraban en

           silencio las orillas.      

Con la luz en la mirada, el sol abrió el horizonte por el cielo azul y

           verde de su barca.          

Alguien dio la voz de alerta. Señaló un banco de besos y calaron el

           afecto a siete brazas.        

Quiso ser un pescador. Descubrir, en soledad, la inmensidad del amor

           y sus entrañas.    

¡Arriba con el botín! Que suenen en el castillo los gritos de las

           pastecas y roldanas.                

Océanos de inquietud subieron, hasta cubierta, un tembloroso arco iris

           de plata.  

Nubes cargadas de sal, en las bodegas saladas, colman una lonja

           humilde en la mañana.          

Quiso ser un pescador. Descubrir, en soledad, la inmensidad del amor

           y sus entrañas.   

Sin tiempo para el descanso, por el trajín sin medida, fueron flores de

           la sangre sus heridas,     

y en los brazos del Gran Sol, la memoria vio, en el fondo, el retrato

           de una lágrima dormida.        

¡Arriba con el botín! El sabor traen de la mar, barcarolas en la proa de

           la brisa.    

Sujetos en el sedal los anzuelos perseguían, el hambre que se detuvo

           en las esquinas.    

Al palangre. Al curricán. A la boya que se hunde porque alguien se

           confunde cuando mira.         

¡Cantan los coros del agua! En un púlpito de espuma pronuncia el

           viento la última palabra.         

Dijo el duro temporal, sobre la mar arborada, no tengas miedo a las

           sombras de la nada,      

dejó en tierra los grilletes de obligaciones sagradas y el nido donde se

           pliegan sus dos alas.   

¡Y se fue a navegar las caricias en la almohada! ¡Y se fue a la

           conquista de la amada!                 

¡Quién sabe si volverá, erigido en triunfador, enarbolando las velas de

           su alma!,   

al puerto donde le esperan los recuerdos que dejó, en un rincón de la

           tierra enamorada.   

Cuida el mundo que le eleva por la arena del altar, gozando de la

           verdad que no se alcanza.          

Si se pierde en el envite del coraje por las olas, hallaréis siempre sus

           ojos en la aurora.     

Hombre alado entre los hombres. Sencillo por más humano. Con su

           bitácora sueñan los esclavos.       

Cuando atraquen las sirenas en el regazo del agua, prodigad las

           reverencias a su paso,            

           que se sienta el protocolo del cariño más sincero.

Viene cargado de amor.                      

Dueño absoluto del cielo.           

 

 

 

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